Artículo
del guía Patricia Ferrari
Comunidad de Decoración de Temalia
Fecha de publicacion: 30/03/2001
Todas las partes de una casa son importantes, pero la habitación es
la más íntima, dónde se puede personalizar sin tener que
compartir el gusto con el resto de los integrantes de la casa. A la
hora de diseñar no es lo mismo hacerlo para un dormitorio infantil,
que para un adolescente. El material utilizado, los colores
aplicados y las medidas serán diferentes.
El niño necesita sentirse seguro. Y no sólo en el ámbito
afectivo, sino también en un espacio tan personal como el
dormitorio. Si en la elección de la cuna se piensa en su comodidad,
no se debe hacer menos a medida que crece. Habrá que ir cambiando
piezas de la habitación según evoluciona su ocupante.
Evidentemente, la etapa de desarrollo implicará un desembolso económico
si se quiere que la estancia se ajuste perfectamente a su pequeño
habitante. El mueble modular cumple este requisito y permite
sucesivas adaptaciones.
Es habitual contemplar la ubicación de una segunda cama, aunque sólo
duerma una persona de forma permanente en la habitación. Si hay
espacio pueden ponerse separadas. De lo contrario, se recurre al
sistema nido o a una litera si el niño tiene al menos siete años.
En esta última es muy importante la incorporación de barandillas y
de escaleras seguras, con acabados no cortantes y bien ancladas.
La incorporación de una mesa y sillas a su medida crea un espacio
de juegos, dónde también se puede poner una pizarra, un arcón
para guardar juguetes y una pequeña estantería para cuentos. Es
primordial que los cantos sean redondeados y que no existan ángulos
peligrosos en los accesorios y muebles.
En cuanto al pavimento, conviene que sea de algún material cálido
como la madera, ya que la mayoría de veces el niño está sentado
en el suelo o gateando. En su defecto, se puede colocar una
alfombra, preferentemente de pelo corto para facilitar una limpieza
a fondo.
Celeste o color primario
La primera elección será decidir si se quiere un dormitorio unisex
o se va a diferenciar la decoración según el sexo de su ocupante.
Se puede decantar por un ambiente más romántico y clásico, en
celeste o rosa, u otro más informal, utilizando por ejemplo los
colores primarios rojo, azul y amarillo en los complementos. Así se
consigue dar un aire más moderno y se facilita también el
aprendizaje del bebé.
En esta fase el uso del color es muy importante. Además de decorar,
es bueno estimular los sentidos del niño. Los contrastes rompen con
la monotonía y fomentan la creatividad. Pero hay que utilizarlos en
pequeñas dosis, diseñando áreas de interés para que el niño no
se aburra. La luz y el color van unidos en este sentido. Un estudio
de iluminación es elemental para un desarrollo dinámico y alegre.
A la hora de elegir no hay que olvidar que los colores claros
reflejan más la luz que los oscuros.
El rincón del adolescente
La pequeña mesa se transforma en un estudio, los juguetes dan paso
al equipo de música y al ordenador, son más los libros que se
acumulan y es necesario una librería más grande y fuerte para
albergarlos. También hay que contemplar un sitio especial para
guardar los CD y las casetes.
Los detalles infantiles han desaparecido para dar paso a los pósters
de actores y cantantes de moda, a los complementos deportivos y a
las revistas temáticas. Se impone un poco de orden y es necesario
incorporar zapateros, cajones y armarios más grandes. El color
sigue siendo importante y decisivo a la hora de darle un cambio a la
habitación. Los complementarios como el verde, naranja o violeta
empiezan a jugar con los primarios para crear ambientes armónicos y
equilibrados.
La funda nórdica reversible es un elemento a tener en cuenta a la
hora de ir cambiando la decoración según la edad. Si se adquiere
un buen edredón al principio, se puede ir mutando según el
ambiente que se cree. Y en verano sirve como colcha. Una buena silla
giratoria adaptable en altura, si es posible con cinco patas y
apoyabrazos, será ideal para los días de exámenes.